Tuesday

- A John Blackwell, «genio entre los editores».

- Para Tadeo.

- A Paco, que gustaba de mis relatos.

- Para Charles Wadsworth Camp y Wallace Collin Franklin.

- Para mi padre, marino, y mi madre, escritora.

- A Chiquita, que hizo posible el aprendizaje del aprendizaje.

- Los autores han obtenido beneficios de la ayuda y consejo generoso de un número tan enorme de amigos, asociados y críticos desinteresados, que no pueden alcanzar a manifestarle su agradecimiento a todos.

- A Carlos Blacker.

- A Jean Marais, que fue el Michel incomparable de Los padres terribles antes de partir a la guerra, y a la espera de su regreso para estrenar La máquina de escribir, ofrezco esta pieza que me pidió que escribiera para Ivonne de Bray. Con admiración y afecto.

- Para Claudia.

- A la memoria de mi querido amigo y maestro, Damián Guerra.

- Para Tess Gallagher.

- Para Victoria Ávalos y Lautaro Bolaño.

- Este libro está dedicado con el amor y el afecto más profundos a mi esposa, Bonnie Gray. Su amor, su vulnerabilidad, su sabiduría y fortaleza me inspiraron para ser lo mejor que puedo ser y para compartir lo que aprendimos juntos.

- A María Sáez de Vernet, que merece estar en la historia por su valor, y porque el registro de sus días en Malvinas reafirma una pertenencia.

- Para Gerardo, que viaja conmigo.

- A mi familia de origen, Chelo, Elías y Cacho, gracias a quienes soy.

- A Austin Diane Jacobson.

- A Oliverio Girondo —cuyo elogio y gratitud siempre me resultaría mezquino— por su severa, generosa y paciente culpabilidad en este libro.

- A Pat.

- A mi padre.

- Dedicado a la memoria de Snowball I. Siempre que oímos un gato maullando a las tres de la madrugada, siempre que resbalamos al piso con una viscosa bola de pelo, siempre que inhalamos el acre olor de una caja descuidada, pensamos en tí.

- En homenaje a Lo imaginario de Jean-Paul Sartre.

- A Taryn Rebecca Adler.

- A Tomás y Darío.

- A Verónica, Flavio, Rita, Amparito, Pepa, Sandra, Elena, María, Paula, Ximena, Elsa, Anabella, Julia, Cristine, Natasha y Cynthia, la perfecta cantidad de amigas necesarias en mis primeros treinta y seis años de vida.

- A Wendy, mi familia y mis compañeros.

- A Zachary Rosenow.

- Para Beverly, Alice y Ed Wolfe.

- Al poeta impecable. Al perfecto mago en las letras francesas. A mi muy caro y muy venerado maestro y amigo Théophile Gautier; con los sentimientos de la más profunda humildad dedico estas flores enfermizas.

- Para Jack Dunphy y Harper Lee con amor y gratitud.

- Para Jomí García Ascot y María Luisa Elío.

- Para la Jime.

- A mi mujer, que tenazmente me alentó en los momentos de descreimiento, que son los más. Sin ella, nunca habría tenido fuerzas para llevar a cabo esta novela. Y aunque habría merecido algo mejor, aun así, con todas sus imperfecciones, a ella le pertenece.

- A Harry Mathews.

- Para Margo Glantz, que sabe de estas cosas…

- Para Mercedes, por supuesto.

- A C. D. de G. y a todos los habitantes de la Casa del Ángel que permitieron a Ana Castro vivir alguna vez en ella.

- Una vez más, a Zelda.

- A Raïssa Maritain. Dedico estas páginas escritas para la gloria católica de Dios, de Abrahán, de Isaac y de Jacob.

- Para Ezra Pound, «il miglior fabbro».

- A Mia Pascal Johansson.

- A Michelle Gurevich.

- A Gabbi, amor de mi vida, tiempo y lugar en el que habito. A Noah, Tali, Ioni y Maia, sangre de mi sangre, savia del árbol de la vida. A mi comunidad, Argentina.

- A Molly Jessica W. Wenk.

- A Paula de Parma.

- A Paula de Parma, molto vivace.

- A Paula «au fond de l'Inconnu pour trouver du nouveau».

- A Oliverio Girondo, poeta auténtico y entrañable.

- A Leonard Shengold, M. D.

- Para monsieur Gaston Calmette, como testimonio de profundo y afectuoso agradecimiento.

- A Rafael Vargas y Rodrigo Cavalcanti.

- Para Pauline.

- Me gustaría dedicar este libro a mi mamá y mi papá; a mis hermanas, Dina y Rachel, y a mi novia, Carmen.

- A la memoria de Raymond Queneau.

- A Enrique Muñiz.

- A los periodistas más jóvenes, a los que están empezando, a los que tienen el título ya muy cerca, hombres y mujeres con un propósito definido y nuevos saberes, que son también los de su generación. Porque son quienes van a hacer el periodismo en el futuro más cercano, con las mochilas cargadas de la tradición que los formó y una mirada distinta sobre la sociedad y la profesión. Porque también este libro los pensó y los tuvo en cuenta cuando se fue escribiendo.

- A Frank O’Connor.

- A Carole, Jordan y Amy, mi familia. Os amo profundamente y para siempre.

- Dedico esta novela, en forma retrospectiva, a Daniela, mi mujer, y a nuestros hijos Iván y Joaquín.

- Este libro está dedicado a todos los padres de familia del mundo: los maestros más importantes del niño.

- A Daniela Haman.

- A Jorge Urtubey.

- A las hijas de Loth.

- A la hija de Fanny Hill.

- A Rodolfo Walsh in memoriam, no desde el bronce que lo haría burlarse, sí desde el reconocimiento al aporte a la práctica de un nuevo periodismo de investigación en la Argentina.

- A Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares.

- A Pietro Bacci-Baffo y a Antonio F. Molina.

- A Félicité de Coiseul-Meuse.

- A Alexis Piron Ashbee.

- A Nicolas Anne Edme Restif de la Bretonne.

- Al abate Calemberg y a Martha Isabel Moia.

- A la Princesa Palatina y a la Chichita Singer-Calvino.

- A Gabrielle D’Estrées y a Severo Sarduy.

- Para Alexandra Bolaño y Lautaro Bolaño.

- Para Elisa y Margarita, mis hijas.

- A mi madre.

- A Mary Roy, que me crió, me enseñó a decir "perdón" antes de interrumpirla en público, y me quiso tanto como para dejarme partir. Para LKC que, al igual que yo, sobrevivió.

- Dedico este libro a MI GENIO GALA GRADIVA, HELENA DE TROYA, SANTA HELENA, GALA GALATEA PLACIDIA.

- A Melissa.

- A Daniel Kon, mi amor inalterable.

- A nuestras familias. A Dorothy y Frank Baber, quienes empezaron esta extraordinaria familia. A Jackie Baber Anderson, nuestra hermana, que no deja que nos tomemos la vida demasiado en serio. A nuestros hijos, Michael, Suzanne y Stephanie Mary, y Caroline y Katie Griswold, que nos alentaron mientras caminábamos por el sendero espiritual.

- Para Kris Hammargren, con amor.

- Para J., alquimista que conoce y utiliza los secretos de la Gran Obra.

- Dedicado a mi amigo el doctor Kenneth Blanchard, cuyo entusiasmo por esta narración me animó a escribir este libro, y cuya ayuda ha permitido que llegue a tantas personas.

- A Abelardo.

- A Cami por la esperanza, a Diego por el aguante, a Víctor y Gaby por el estímulo.

- A León Werth. Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Pero tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de comprenderlo todo, incluso los libros para niños. Tengo una tercera excusa todavía: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Tiene, por consiguiente, una gran necesidad de ser consolada. Si no fueran suficientes todas esas razones, quiero entonces dedicar este libro al niño que fue hace tiempo esta persona mayor. Todas las personas mayores antes han sido niños. (Pero pocas de ellas lo recuerdan). Corrijo, por consiguiente, mi dedicatoria: A León Werth cuando era niño.

- A Sara Mondani, que siempre supo ovillar historias.

- Dedicado a Juanita, Santi y a mis abuelos… compañeros de viajes.

- Para Álvaro Mutis, que me regaló la idea de escribir este libro.

- Dedicado a Angie por habitar este planeta y a Cristina por haberlo habitado.

- Para mi madre, ahora que entendí.

- A Laura Crespi.

- A mis hijos.

- A Angélica Gorodischer.

- Para Diana Bellessi.

- A mis padres.

- A Lil.

- Al verdadero Juan Gaviota que todos llevamos dentro.

- A Laura, que comienza a entender que mi trabajo sea ver tele, ir a la cancha y tirarme en la cama a leer. A Agustina, por enseñarme a mirar de nuevo, una y otra vez. A mi viejo, con quien nos sentamos tardes enteras a matear y ver películas argentinas. A Martín, que está por venir y seguramente va a jugar al fútbol mejor que yo. A mi vieja, que me metió en la cabeza la idea de que siempre se puede mejorar. A mi hermano, por todo.

- A Sara, por su amorosa impaciencia con Amador y conmigo.

- Para Susana Soca: Por ser la más desnuda forma de la piedad que he conocido.

- A mi madre, mi abuela y las otras extraordinarias mujeres de esta historia.

- A la memoria de mi madre, de Matilde, de Jorge Federico.

- A Luis León Rupp, a quien siempre recibo en mi casa con una etiqueta negra en el whisky y el corazón en la mano.

- A Mercedes Casanovas, por su paciencia en este vuelo. A Gabriela Esquivada, que me enseñó a volar otra vez.

- A Sylvie Lafaye de Micheaux, porque es cierto que uno escribe para que lo quieran más.

- Desde nuestro corazón al de nuestros lectores, dedicamos este libro a todo aquel que alguna vez estuvo enamorado, o espera volver a enamorarse.

- A mi hijo Damián.

- Este libro nunca hubiera llegado a tus manos sin la colaboración de todas, repito: de todas las personas que he conocido en mi vida. Cada una de ellas ha dejado cosas en mí, que de alguna manera aparecen en cada frase, en cada palabra, en cada letra de estas cartas. Quiero agradecer especialmente: a July, a Cecilia, a Cacho, a Lita, a Susana, a Diana, a Roxana y a Perla. Un punto aparte reservo a mis pacientes, en última instancia, los verdaderos autores de este libro. Todo lo que sigue ha sido aprendido de ellos, para ellos y por ellos… Gracias.

- A mis traductores, que han tenido la paciencia y el arte de reconstruir el habla y los silencios de mis montevideanos en más de veinte lenguas.

- A William Gordon, por los tiempos que compartimos.

- Para Rogelio Saunders.

- Para Alexandra Molina.

- A Renata Treitel —poeta, mártir de la docencia, tana-porteña-norteamericana, traductora y amiga— con mi cariño y perversidad característicos. A mí misma, por la risa que me causo cuando intento explicar.

- A todos los que trabajan para el RSPCA.

- A mi madre.

- A la memoria de mi padre y de mi madre.

- A Esther Zemborain de Torres.

- A Woody Allen, Clarence Birdseye, Richard Branson, Edward de Bono, George Bodo, Filippo Bruneslleschi, Nicolás Copérnico, Thomas Edison, Albert Einstein, Dick Fosbury, Galileo Galilei, Guglielmo Marconi, Groucho Marx, Sir Thomas Moro, Sir Isaac Newton, Tom Peters, Leonardo da Vinci, Oscar Wilde, Steven Wright, Orville y Wilbur Wright, y los pensadores laterales de todo el mundo.

- Dedico esta edición a mis enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera.

- Este libro es para Burghardt Bodenburg, que ahora, por fin, tiene dientes de vampiro (por el dentista), para Katja y para todos los que todavía creen en el gran amor…, como yo.

- Para Cita. Y también para Antonio Baganta y Luis Vázquez con quienes he compartido el proceso de escritura de este libro.

- A mi inolvidable tío Tomás, a quien sigo recordando como el muchacho que era, desde que se me fue con sus sueños fantásticos y su alunado bandoneón a cuestas (cuestas arriba, quiero decir…).

- A mis hijos que, sin duda, jamás nacerán.

- A la amistad de Rogelio Frigerio que ha resistido todas las asperezas y vicisitudes de las ideas.

- A mi multifamilia: A mis hijos JUAN PABLO y SANTIAGO; al papá de mis hijos, FERNANDO; a mi esposo, CARLOS; a los hijos de mi esposo, CARLOS ANTONIO y LUCÍA; a la madre de los hijos de mi esposo, CECILIA; a la esposa del padre de mis hijos, CLAUDIA; a los ocho pacientes abuelos, LIDIA y HÉCTOR, PORO y HÉCTOR, DORA y CARLOS, YOLI y OSCAR; y a todos los padres y todos los hijos que, sin saber cómo, tienen que aprender juntos a vivir separados.

- A todos los niños que nos ayudaron a crear la serie Resuelve el misterio.

- Este libro es para Burghardt Bodenburg, quien, con sus blandos dientes, nunca podría llegar a ser un vampiro, y para Ada-Venera Gass, que domina magistralmente la mirada del vampiro, y, además, para Katja, que sabe gritar “¡Iiiih, un vampiro!” de forma tan admirable, ¡y para todos aquellos a los que les gusta tanto como a mí leer historias de vampiros!

- A Derek Todd (a la memoria cálida de los días de BM) y a Malcolm Bradbury (el mayor culpable de que haya tratado de escribir una novela cómica).

- Para Irene e Ivor Brown, con afecto.

- En estos agradecimientos hay ya tantos hijos — lo que habla muy mal de nuestras técnicas anticonceptivas — que no pueden faltar Santiago y Agustín, tenaces exhibicionistas de sus épicas de hinchas adolescentes, y que persisten en reírse del trabajo de su padre — que sea trabajo.

- Para Ralph y Stephanie Hrdličková.

- A Euclides da Cunha en el otro mundo, y en este mundo, a Nélida Piñón.

- Para Elvira, que tenía tantas ganas de leer este libro.

- A quien lo sabe.

- Dedico esta edición a mis enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera.

- A mis hijos que, sin duda, jamás nacerán.

- El autor quiere expresar su agradecimiento al archivo del Ministerio del Interior, al Archivo Regional del Estado y al Archivo Central del Estado en Praga, así como al Archivo de Literatura del Monumento de los Documentos de la Nación (Pamatník Národního Písemnictví) por la amable cesión de materiales para la realización de esta obra.

- A mi querida familia. A mis queridos maestros.

- Este libro está dedicado a las víctimas anónimas de la guerra de Irak. En algún lugar de esas tierras, entre el Tigris y el Éufrates, hubo una vez un paraíso.

- A Graciela, con amor y admiración, y también con reconocimiento y gratitud, por todo lo que de este libro le pertenece.

- Para Janna.

- A Gabriela por la paciencia.

- A los que sobreviven.

- Para Natalie.

- A Cristina.

- Para Willie Schavelzon, simplemente.

- Para Ton.

- A mi padre, que me regaló la curiosidad sin advertirme de los riesgos. A los protagonistas de esta historia.

- Para Anna: Este libro, mi vida, mi amor.

- A Lorenza, siempre.

- Para mi hija Sofía.

- Para Dedé.

- A Zulema, mi madre política, que con su silencioso apoyo, acompañó mis esfuerzos. A la memoria de mis padres.

- A María Esther Smith. A mi esposo e hijos.

- Con amor a mi esposo e hijos. A mi querida madre.

- A Rocío Aichino, mi ahijada.

- Dedicamos este libro a todos aquellos comprometidos con la permanenete lucha contra toda forma de discriminación, racismo y xenofobia.

- Agradecemos especialmente al Dr. Mario Feferbaum por su incondicional apoyo y estímulo.

- Queremos dedicarle este libro a nuestras familias, presentes cada segundo en nuestro corazón y apoyo fundamental en todos los los emprendimientos (locos y no tan locos) que se nos ocurren hacer.

- A Gabi y a Rafi, con amor.

- Para Abril.

- Este libro está dedicado a la memoria de mis tíos:
R. Owen Oja
31 de octubre de 1927 - 11 de octubre de 2002
y
Arvid Nielsen
9 de febrero de 1931 - 6 de enero de 1997.

- A Paula Mariasch, por todos los fines de semana en que fuimos felices mientras yo escribía esta historia y ella proyectaba casas de ventanas grandes.

- Niños que no aguantan la risa en las silenciosas bibliotecas, alumnos que inevitablemente producen ruidos espantosos en la clase de música, genios que inventan maravillosos sobrenombres, valientes que cuentan hazañas que jamás hicieron, locas criaturas que algún día harán de este mundo un sitio más divertido, sepan que este libro ridículo les está dedicado.

- A Gregory Peck, que deslumbró mi corazón... ¡de apenas cinco años!

- A esa casa en Olivos donde, ya hace mucho, viví con mi papá, mi mamá y mi hermano.

- Para Betty, por más razones de las que puedo recordar y más de las que quiero olvidar.

- Para J.B. Priestley.

- Para John Cowper Powys, uno de los más grandes románticos de su generación.

- A Lucinda, Alai y Gorka.

- A Fernanda, todo y para siempre.

- A mi familia.

- A LAC.

- A Thelma.

- Para mis padres, a quienes les importa.

- Jemia, forever.

- A la House of Taranto; a la House of D’Amore; a mi co-autora; a mis sistas (consejeras, editrices, confidentes, guías, inspirationals, compañeras); a mi novio; a quienes me enseñan; a las que aprenden. Y si no sabés, sabé.

- A Luis Chitarroni.

- A Michel Leiris.

- Para Kerry Hood, sin quien ciertamente estaría muy perdido, incluso con mapa.

- A Dorothy Olding y Gus Lobrano.

- A Gabriel, que me enseñó qué cosas son importantes.

- A Vyt Bakaitis y Hollis Melton por ayudarme en la edición del manuscrito.

- A Silvia Sanz. Y mis agradecimiento a Silvia Miguens, que me incitó a escribir esta historia.

- Dedicado a la doctora Irma Burgo de Forero, mi madre.

- A los ladrones que, al llevarse mi PC con la primera versión de este libro, hicieron un primer editing.

- Estos cuentos son para Luis Chitarroni, que me queda grande.

- En memoria de Federico Medina, un pibe de corazón valiente y entereza demostrada (y en su nombre, a todos los jóvenes de corazón valiente que aparecen en estas historias).

- Al Castor.